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El derrumbe del complejo textil Rana Plaza en Bangladés en 2013, que cobró la vida de 1.138 personas, marcó un punto de inflexión en la industria de la moda, impulsando un cambio hacia la sostenibilidad. Aunque esta industria es reconocida por su magia y creatividad, enfrenta desafíos éticos y medioambientales, especialmente con la masificación de tendencias como el fast fashion.

En respuesta, se han implementado medidas para mejorar las condiciones laborales y la seguridad en la industria textil a nivel mundial. Iniciativas como el trueque, la reparación y la venta de prendas de segunda mano han cobrado fuerza. Sin embargo, se necesita un esfuerzo conjunto que involucre a todos los actores de la cadena textil, desde los productores hasta los consumidores, para promover un cambio beneficioso para todos.

El panorama en Colombia

La industria textil y del cuero en Colombia representa una parte significativa del PIB, reportando un 9,4% del PIB industrial según cifras de Procolombia en diciembre de 2023. Se espera un crecimiento constante en la producción y las ventas para este año 2024. Sin embargo, el aumento del consumo de moda plantea interrogantes sobre el destino final de la ropa y su impacto ambiental.

Según el Observatorio de Inexmoda, el gasto acumulado en moda en 2023 ascendió a $32 billones, un 6 % más que en el mismo período de 2022. Esto indica que los hogares colombianos gastan aproximadamente US$150 al año en moda y vestuario, mientras que la media global se acerca a los US$270. Surge la pregunta: ¿dónde termina toda esta ropa?

¿Dónde termina la ropa en Colombia?

En Bogotá, se estima que entre 360 y 600 toneladas de ropa usada se desechan diariamente. Estas prendas se mezclan en las canecas y bolsas que contienen las 6.000 toneladas de residuos que terminan en el relleno sanitario Doña Juana, según la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (UAESP).

La cantidad de ropa desechada podría ser aún mayor si se consideran los estimativos de consumo de vestuario señalados por expertos en la materia. Sin embargo, la población muestra desconocimiento sobre la reutilización que estas prendas podrían tener.

Ingenieros ambientales consultados por el diario El Tiempo señalan que esto se debe a la falta de una política o programa oficial en Colombia que oriente sobre el manejo adecuado de la ropa usada, separándola de la basura ordinaria y fomentando el reciclaje textil, como ocurre en otros países como España e Inglaterra.

Una prenda de vestir, tanto en su fabricación como en su estado de residuo, no es tan inofensiva como parece desde un punto de vista ambiental. Por ejemplo, para producir un pantalón se necesitan alrededor de 1.500 litros de agua, 700 litros adicionales para la coloración, fijación y limpieza del producto. Además, en un relleno sanitario, un pantalón de poliéster puede tardar de 3 a 5 años en degradarse, liberando contaminantes al suelo y a las fuentes hídricas.

Aunque la conciencia ambiental entre los consumidores colombianos está en aumento, todavía queda mucho por hacer, al igual que en el resto del mundo. Algunas acciones clave incluyen la transformación de la producción hacia el uso de insumos más sostenibles, el diseño de prendas más duraderas, la promoción del reciclaje y la donación, y la implementación de más centros de acopio.

Más que una campaña de moda sostenible

En resumen, el destino final de la ropa en Colombia refleja tanto los desafíos como las oportunidades en el camino hacia la sostenibilidad en la industria textil. Con un enfoque colectivo en la responsabilidad ambiental y social, podemos trabajar juntos para crear un futuro más sostenible para la moda en Colombia y más allá.

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